José Ignacio's profileel funambulistaBlogListsGuestbookMore ![]() | Help |
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November 30 ÍcaroEra pleno, era fuerte , todo era posible. El fulgor,
la calidez de su promesa, tejió un laberinto de
caminos difíciles.
Nada podía frenar mis alas. Y volé hacia el resplandor.
Y llegué pues entonces podía. Quemé las alas en aquel calor que fue llama. Y caí , fui ceniza.
el viento arrastró las cenizas y me volví fuerte.
Y sentí el calor de su promesa...
![]() Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. November 25 el ciclo de la vidael ciclo de la vida
arriba , abajo,
arriba, abajo,
he aquí el verdadero ciclo de la vida:
arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, arriba...
![]() Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. November 23 De cómo acabó el corazón en la carteraDomingo, 20 de Septiembre, luna nueva y San Eustaquio. Los griegos fueron los primeros en nombrar al corazón como principal generador de sentimientos. De un músculo tan ambiguo como ése; estriado mas involuntario, es imposible que surjan las lágrimas, las risas, el amor, el dolor de la pérdida, el odio o la miseria. Incluso la ciencia reemplaza esas pequeñas bombas por otras de plástico, o de mono, ¡joder! Hasta pueden ser de un cerdo. Entonces, cómo es posible que exista gente convencida en las bondades del músculo en cuestión y continúen dándole atribuciones fantásticas. Una vez fuera del hospital, los médicos seguían controlando mi vida. Raro era el día libre de citas médicas. Las visitas y las pruebas ocupaban la parte más importante de mi tiempo; resonancias magnéticas, electroencefalogramas, análisis de sanre, audiometrías, eran algunas de las pruebas a las que me sometían y neurólogos, oftalmólogos, traumatólogos, psicólogos o psiquiatras, las caras humanas del proceso. La sanidad pública cubría prácticamente todas las necesidades pero las visitas se alargaban con segundas opiniones que satisfacían la desconfianza propia de las compañías de seguros. La mía, por celo profesional, intentaba darme el mejor servicio imaginable, de todas forman iban a cubrir con creces todas las atenciones. La aseguradora del individuo que interceptara mi camino, velaba por reducir una más que segura y cuantiosa factura. Me sentía como un automóvil con su vida prescrita en una libreta de mantenimiento; la revisión de los cinco mil, la de los diez mil, a tantos quilómetros correa de distribución, a tantos otros amortiguadores, el tema del cambio de aceite mejor dejarlo aparte. En esa cartulina donde iban apuntando el calendario de mantenimiento estaba escrito el nombre de un neurólogo de la parte contraria, el enemigo, encargado de supervisar el estado de las heridas. Prefiero llamarlo el impronunciable, su nombre no esconde ninguna maldición satánica ni mucho menos. El tipo era Sirio y al pronunciar aquel nombre, o al intentarlo, se corría el riesgo de anudarse la lengua. Pertenecía a la comunidad sirio-cristiana y el antiguo régimen tenía con esa comunidad un acuerdo de intercambio cultural. Una vez con el título universitario en el bolsillo sacado aquí, era absurdo volver a un hogar sin oportunidades. Por los diplomas de la sala de espera del consultorio, se veía claro que el impronunciable había aprovechado aquel programa; el tipo estaba doctorado en neurología y en pediatría por una universidad navarra. Pensé que el tío era judío en nuestro primer encuentro, respondía a todos los tópicos; estatura media-baja, cráneo apepinado con escasa cabellera, gafas de montura metálica redonda, perilla de chivo y ojos de ratón. Las prieras visitas resultaron bastante aburridas. Pasé por una serie de tests que parece ser medían la inteligencia y pérdida de facultades intelectules del individuo. Durante los meses de hospital, ya pasé por las mismas pruebas antes de recibir el alta hospitalaria y eran los mismos que me presentaba el judío. El de cultura general lo sabía de memoria, se lo dije al hombrecillo preguntándole por la validez de un examen del que previamente conocía las repuestas, la primera vez que pasé por él, fallé algunas cuestiones y me preocupé por conocer las respuestas. Eludió el tema con anbigüedades, sólo le interesaba la minuta de la visita. Supongo que a mejor puntación menor indemnización. Después era el turno de las matemáicas y geometrías. Eran una serie de papeles llenos de rallas y símbolos, cada apartado se componía de cinco figuras de las cuales una desecajaba en la sucesión de dibujos. Era una prueba horrible y muy extensa. La primera hora intenté concentrarme en las respuestas, en la segunda las rayas, rombos, cuadrados, puntos y asteriscos bailaban ante mis ojos ya precpitados hacia el llanto. Mareado y aburrido empecé a contestar al azar, sólo me importaba salir de esa habitación aunque quedase como un auténtico borrico en plan oligofrénico. La vestmenta del neurólogo correspondía con la seriedad exigida por la profesión; trajes grises de corte clásico que apenas deisimulaban la delgadez extrema. Tan seco como carente de gracia. Las consultas reiterada, sin llegara forjar un vínculo amistoso, construyeron un clima confortable. Contestaba a todas sus preguntas con la sinceridad de quien nada teme. Intentaba el doctor aleccionarme con el discurso de la fe critiana. Nuestros temas favoritos versaban sobre el bien y el mal, el valor de la familia, la educación de los hijos o las relaciones prematrimoniales. Su discurso era de un fiero materialiso. viendo del pie que cojeaba, hacía todo lo posible por escandalizarlo. El atoramiento del neurólogo ante mis respuestas me producía gran regocijo. En ese contexto distendido, formulé la gran pregunta. Para un neurólogo la madre de todas las palabras. Antes, expuse los antecedentes; cómo cualquier recuerdo de máxima intimidad había huído de mi cabeza tras el accidente y mi gran cuita de esos dás al creer que a consecuencia del golpe mi cerebro era incapaz de generar sentimientos. Puesto en situación respiré con fuerza y ataqué la cuestión: ¿dónde se ubica eso que llamamos "CORAZÓN"? El hombre desconociendo la intuición de la pregunta empezó con ese rollo del mediastino, en el vértice inferior del pulmón derecho... ¡No!, contesté, no hablo de ese corazón, me refiero a la zona del cerebro encargada de regular y generar los sentimientos. Por un instante el hombre quedó perplejo tras sus gafas de intelectual trasnochado. Tomó su tiempo de recuperación antes de pasar a explicarme el origen de la expresión "CORAZÓN": los griegos pensaban que ese órgano vital regia el mundo emocional porque las alegrías, las penas, el amor, el odio, todas las manifestaciones del sentimiento epercutían en el ritmo cardíaco. Cuando se les acercaba una joven y bella mujer sufrían una ligera taquicardia, pensaba yo en erecciones. Aquí introdujo un espacio a la sorpresa dadas sus convicciones religiosas porque añadió: - lo mismo ocurría si el que se aproximaba era un apuesto efebo.- Continuó con las explicaciones para añadir que, en efecto, ese motor de la vida nada tiene que ver con los sentimientos humanos. La zona del cerebro reguladora de todos los sentimientos humanos, el verdadero “CORAZÓN” está conformado por la zona límbica... - espere, me lo puede escribir.- Yo no quería olvidar tan vital información. El perplejo doctor arrancó la hoja corespondiente al 20 de Septiembre de un almanaque de sobremesa y escribió:
ZONA LÍMBICA HIPOCAMPO HIPOTÁLAMO 2/3 SUPERIORES DEL TRONCO CEREBRAL
Y de ese modo tan inverosímil como sólo la realidad puede fabricar, acabó el corazón dentro de mi cartera. Todavía lo guardo. Dirán algunos que es para compensar la frialdad. Otros verán un gesto de extravagancia. Y, por mi parte, no tengo nada más que decir. November 16 La muñeca de KafkaLa Muñeca de Kafka
( Brooklyn Follies. Paul Auster)
"... Estamos en los últimos años de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasiádica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en a primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
Todas las tardes, kafka sale a darun paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que llora a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. " Tu muñeca ha salido de viaje", le dice. " ¿Y tú cómo lo sabes?", le pregunta la niña. "Porque me ha escrito una carta", responde Kafka. La niña parece recelosa. "¿ Tiene ahí la carta?", pregunta ella. "No, lo siento", dice él, "me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo." Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar . ¿ Es posible que este hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, obseva la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacelo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las lyes de la ficción.
A día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse una temporada. La muñeca propone entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
(...) y a lo largo de tres semanas, Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momente en que la muñeca desaparezca de su vida para siempre. Procura buscar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hachizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casr a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñaca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginaro, las penas de este mundo desaparecen.
November 12 FUTUROSEl futuro tiene muchos nombres.
Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad Víctor Hugo
November 09 Simplicidad
November 02 Enoc (antecedentes)(Griego Enoch) Es el nombre del hijo de Caín (Gén 4, 17-18), el de un sobrino de Abraham (Gén 24, 4), del primogénito de Rubén (Gén 46, 9), y del hijo de Jared y padre de Matusalén (Gén 5, 18). El último llamado patriarca es él más ilustre portador del nombre. En tiempos del nacimiento de Matusalén, Enoc tenía sesenta y cinco años de edad, "Fueron todos los días de la vida de Enoc trescientos sesenta y cinco años," (Gén 5, 23). Contrario a la expresión "y murió" utilizada en los perfiles de los demás patriarcas, el texto dice de Enoc: "y anduvo constantemente en la presencia de Dios, y desapareció, pues se lo llevó Dios." (Gén 5, 24). El inspirado autor de la epístola a los Hebreos añade; "Por la fe fue tasladado Enoc sin pasar por la muerte" (Heb 11, 5). En el libro del Eclesiástico 44, 16 y 49, 16 se expone la misma verdad del patriarca. En la epístola de San Judas versículos 14 y15), nos muestran a Enoc como un profeta, anunciando el juicio de Dios sobre los pecadores impíos. Algunos escritores han supuesto que San Judas citara tales palabras del así titulado apócrifo Libro de Enoc (ver APÓCRIFOS); pero, ya que no se circunscriben dentro de su contexto (Etiópico), es más razonable asumir que fueron interpuestos dentro del apócrifo del texto de San Judas. El apóstol debió de haber tomado las palabras de la tradición judaica. |
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